
Rusia usa el frío para castigar a los ucranianos
Un temporal con temperaturas que bajan de los 20 grados negativos azota Ucrania con muchas zonas sin calefacción por los bombardeos de Moscú
En los bares que permanecen abiertos en Kiev llaman la atención dos cosas: el petardeo del generador de gasóil en la puerta y una pizarra donde muchos locales han escrito con cita una cuenta atrás: los días que quedan hasta la primavera. Ante la la ausencia absoluta de resultados para las tropas rusas en el campo de batalla, Vladimir Putin recurre a lo que mejor le ha ido hasta ahora: el castigo a la población civil ucraniana que aún permanece en las ciudades, agotada tras casi cuatro años de invasión. Las armas son bien conocidas, pero a los misiles y los drones les acompaña ahora el frío más extremo del año.
Los esfuerzos por parte de Donald Trump para hacer posible una tregua energética terminaron con una nueva treta del autócrata ruso: su alto el fuego para tranquilizar al presidente de EEUU sólo ha durado dos días, fue incumplido en algunas zonas y, además, termina justo cuando comienza el peor temporal de frío y nieve desde hace muchos años: se trata de un frente ártico con temperaturas que alcanzarán los 26 grados bajo cero en algunas zonas del área metropolitana de Kiev y menos 30 grados en Járkiv, la segunda ciudad del país.
Ayer mismo, mientras regía la tregua, un ataque con drones rusos contra un autobús en la región ucraniana de Dnipropetrovsk mató a por lo menos 15 personas e hirió a siete. Eran trabajadores de la mayor empresa energética de Ucrania, DTEK, que ya ha perdido a muchos trabajadores.
Rusia ya puso en marcha en la guerra siria esta misma estrategia de bombardeos sobre las centrales generadoras de energía y sus distribuidoras. Así ayudó al tirano Bashar Asad y así trata de ganar una guerra que se le resiste en el frente. El general Surovikin, ahora caído en desgracia, la implementó en Ucrania ya desde 2022, pero ha sido este año en el que Rusia más se ha ensañado sobre los ucranianos y su red de energía.
Barrios sin luz
La situación es que hay barrios, a veces ciudades enteras, que pasan horas y días enteros sin luz, ni agua ni calefacción. En temporadas de calor, sería una enorme incomodidad para llevar una vida normal, pero a 25 grados bajo cero es una catástrofe humanitaria. El agua se ha congelado en muchas tuberías de la ciudad, lo que provoca su rotura, y eso a escala masiva. Los trabajadores de DTEK luchan contrarreloj por sustituir los elementos destruidos de las centrales atacadas y reestablecer la corriente.
Y todo esto deben hacerlo con el peligro diario de ser atacados por drones y misiles rusos mientras desempeñan su trabajo. El gobierno ha desplegado lo que llama «Puntos de Invencibilidad», carpas grandes en los barrios donde la gente puede calentarse, cargar el móvil o llevar a sus hijos a jugar sin tener que llevar abrigo. Hay colas para entrar.
A los bombardeos se unió la fatalidad: el viernes un accidente energético provocó un gran apagón en Moldavia y Ucrania, que mantuvo al país a oscuras hasta que se reestableció la conexión tras muchas horas en la Edad Media. Ayer quedaban en Kiev 800.000 hogares sin suministro, o sea, millones de personas. El metro de la capital no pudo dar servicio por los apagones y la red no soporta los daños.
La próxima ronda de conversaciones de paz entre las delegaciones rusas y ucranianas tendrá lugar el miércoles y jueves, según anunció ayer Zelenski. Se espera que enviados de Rusia, Ucrania y Estados Unidos se reúnan esos días en Abu Dabi para continuar las negociaciones destinadas a poner fin a la invasión de plena escala de Moscú a su vecino, sin que haya de momento avances que permitan soñar con la paz .