Manuel Villegas: de golfista profesional a uno de los cadis más reputados en el PGA Tour

Manuel Villegas: de golfista profesional a uno de los cadis más reputados en el PGA Tour

Trabaja con Si Woo Kim, con quien ha aprendido el espíritu perfeccionista de los asiáticos y con quien aplica las enseñanzas de Camilo, su hermano. 

Manuel Villegas tuvo una respetable carrera como golfista, en la que llegó a ganar la Copa Andes en 2003 y el Abierto de Colombia en 2008, entre otros torneos. Sin embargo, lo marcó el hecho de que su hermano, Camilo, dos años mayor que él, se convirtiera en figura mundial.

Tras una fractura de muñeca y un intento por seguir, Manuel dejó de jugar profesionalmente hace diez años, y una invitación de Camilo para que lo ayudara en un torneo cargándole los palos le cambió la vida. 

Hoy es uno de los cadis más reputados del PGA Tour: trabaja junto al coreano Si Woo Kim, campeón de The Players en 2017 y quien ya tiene dos top 10 en Majors al lado del colombiano: fue octavo en el PGA Championship en 2025 y sexto en el Open Británico este año, en el que logró otros siete top 10.

“Yo jugué golf profesional como hasta los 30 años y después, cuando uno se retira, siempre queda un poquito en el aire. Haber logrado sacar una carrera después de haberme retirado es algo que me gusta y que me apasiona”, contó Manuel en entrevista.

Antes de trabajar con Si Woo Kim, le cargó a Camilo. ¿Cómo lo convenció su hermano?

La verdad, yo no tenía planeado ser cadi. Me acababa de retirar y no sabía qué hacer, si quería enseñar o qué, pero era algo con golf. Mi hermano estaba jugando regular y hay un torneo que se llama el Shark Shootout en Naples, que lo hacen al final del año. A él lo invitaron a jugar y me dijo que si le cargaba esa semana. Era un torneo relajado. Nunca le he preguntado a Camilo por qué lo hizo. Él no estaba muy contento con su cadi y tal vez quería una semana en la que escuchara otra cosa. Nos fue bien, quedamos de terceros. A Camilo algo le sonó o algo le gustó y a los tres meses me dijo que si quería seguir. Me le medí y acá estamos, diez años más tarde.

Con Camilo habían jugado juntos muchas veces. ¿Qué tanto le aprendió ya en el papel de cadi?

Mi hermano me fue enseñando y seguramente tuvimos algunas discusiones al principio. Él me entrenó no solo en cómo prepararme para llegar a las rondas, sino en cómo mirar los tiros, cómo moverme alrededor de la cancha de golf. Y después me empecé a dar cuenta, estando al lado de Camilo, de por qué no fui mejor golfista: no conocía el juego bien, no sabía planear. El golf es como un ajedrez y mi hermano es un genio en eso. Sigue siendo aún el mejor estratega de todos en cuanto a escoger los tiros adecuados: sabe dónde están los vientos, sabe leer los lies, sabe entender cómo está jugando la cancha de golf… Es capaz de ver todas esas variables e implementar la mejor estrategia. Con él aprendí toneladas de estrategia.

¿Hizo alguna preparación adicional aparte de la experiencia de jugar y de seguir con Camilo?

A mí siempre me gustó la psicología. Desde que yo empecé a jugar golf profesional, me intrigaba mucho lo que pensaba, lo que pasaba y cómo pensaba el otro. Entonces, sí he investigado mucho sobre eso. Cuando empecé a trabajar con mi hermano, cuando estás afuera de las cuerdas y ya no sos jugador, el juego lo ves desde otro punto de vista y empiezas a ver unos patrones psicológicos y unos patrones de cómo, aparentemente, lo que está pensando determina mucho de lo que está pasando. Es algo que siempre me ha gustado. Y sigo investigando.

¿Cómo llega a trabajar con Si Woo Kim?

Yo llevaba cinco años con mi hermano y no nos estaba yendo muy bien. Camilo había perdido la tarjeta del PGA y, como le tocaba volver al Korn Ferry, él quería lo mejor para mí y entendía que era una buena oportunidad que yo buscara quedarme en el PGA Tour. Si Woo Kim estaba jugando unos playoffs en Memphis y vi que se había retirado. Pregunté y me dijeron que él había terminado con el cadi hacía una semana y que le estaba cargando otra persona. Entonces vi que era un buen momento para acercarme a él, porque siempre me habían dicho que era un jugadorazo. Alcancé a jugar con él en el Korn Ferry. Le escribí, simplemente, que le quería cadear, no mucho más que eso. Me respondió que estaba en una situación en ese momento, que lo iba a pensar. Hablamos otro poquito y a los cinco minutos ya me dijo que empezáramos a trabajar.

¿Qué tanto ha aprendido al lado de Si Woo Kim, pensando en lo disciplinados que son los asiáticos?

He aprendido miles de cosas, muchas muy buenas y muchas no tan buenas. Si tuviera que nombrar una en específico de Si Woo Kim, es la perfección; es la palabra que más hemos trabajado como equipo, no solo él, sino yo. La cultura coreana es muy perfeccionista, muy disciplinada, y en esa perfección y en esa disciplina logra obtener cualidades que son increíblemente buenas y te ayudan demasiado. Pero en esa misma disciplina y esa perfección es donde se terminan hundiendo. Ver cómo a una persona le puede gustar que las cosas sean perfectas, pero esa perfección te trae problemas y hay que aprender a manejarlos.

Los medios internacionales resaltaron un hoyo en uno que hizo Si Woo Kim en el Open Británico hace dos años y le dieron parte del mérito a usted.

Eso es como un poco mentira, por decirlo así. No es que yo haya causado el hoyo en uno. Uno ayuda en cosas como a mayor escala, pero en un solo golpe, eso es suerte: que la bola pique medio bien y que pegue el tiro adecuado. En ese tiro sí había algunas variables, pero nada del otro mundo.

Acaba de acompañarlo a una Presidents Cup en la que había cuatro colombianos: los dos Villegas, Nicolás Echavarría y Fabián Azcárate.

Es un torneo demasiado especial, posiblemente uno de mis torneos favoritos. Tener la oportunidad de juntar a tres personas de Medellín y una de Cali en un grupo tan selecto, creo que es un milagro de Dios. No sé si alguna vez eso se vuelva a repetir. Yo sé que ellos la disfrutaron, pero para mí fue un torneo bastante agridulce: habíamos trabajado tan duro, sobre todo mi hermano y yo, pensando en un millón de cosas para ver cómo lográbamos vencer a Estados Unidos. Hasta faltando un día lo soñamos. He tenido la oportunidad de estar en tres ediciones; ahí fue donde empecé a trabajar con Si Woo Kim.

¿Extraña jugar al golf?

Sí, extraño jugar profesionalmente; es el sueño de uno desde muy pequeñito. Yo me propuse tener una buena relación con el golf; todo lo que tengo me lo ha dado el golf. Lo que no me hace falta es el estilo de vida de jugar como profesional. A mí me encanta ir a jugar un torneo, ir al Abierto de Colombia, pero no competir como profesional semana tras semana y ganarme la vida jugando golf. Eso no me hace falta.