Los precios de los licores en Colombia superan a países como México, Perú y estados unidos.

Por qué el trago en Colombia es más caro que en México, Perú o Estados Unidos

Una botella de tequila cuesta en Colombia el triple que en México. Detrás del precio hay cuatro gravámenes.

Una misma botella de tequila que en Colombia se vende por $400.000 (US$125,63) cuesta 778 pesos mexicanos (US$41,54) en México, el país donde se produce. El consumidor colombiano paga, en la práctica, el triple por el mismo producto.

La brecha también aparece frente a otros mercados. En Perú, esa botella vale 329,90 soles (US$95,90), por lo que en Colombia cuesta 31% más. En una tienda de Miami, en Estados Unidos, se puede conseguir por US$85, y la diferencia llega a 48%. Entre los países comparados, solo Brasil la vende más cara, 959 reales (US$190,28).

Una parte importante de lo que paga el consumidor colombiano son impuestos. «Colombia tiene unas tarifas promedio más altas que los demás países latinoamericanos», señala un estudio de Fedesarrollo publicado en julio de 2023 sobre la estructura tributaria de las bebidas alcohólicas.

El documento agrega que la tributación del sector ha crecido de forma constante desde mediados de los años noventa y está en su nivel más alto de la historia reciente.

El IVA de los licores es de apenas 5%, pero es solo una de las capas que se acumulan en el precio. A una botella de 750 mililitros se le suman otros tres cobros. El primero es un componente específico del impuesto al consumo de $360 por cada grado de alcohol. El segundo es un impuesto ad valorem de 25% sobre el precio de venta antes de impuestos que certifica el Dane. El tercero son unos derechos de explotación de 2% sobre las ventas sin impuestos, ligados al monopolio rentístico de los departamentos.

En un tequila de 40 grados, solo el componente específico suma $14.400. Como ese cobro depende de la graduación, los licores más fuertes pagan más por este concepto.

La carga total también sube con el precio de la botella. Según cálculos de Fedesarrollo, en 2022 un licor de gama ultra premium pagó en promedio $1.523 en impuestos por cada grado de alcohol, casi el triple que uno de la gama más económica analizada, que pagó $509. Medida por litro de alcohol puro, la carga fue de $203.081 en el segmento ultra premium y de $67.802 en el más barato.

El tequila está, además, entre los licores que más se han encarecido en el país. Su precio promedio pasó de $96.337 en 2017 a $180.100 en 2022, un alza de 87%, según datos del DANE y de la firma especializada IWSR recopilados por Fedesarrollo. En el mismo periodo, el precio promedio del whisky se multiplicó por cuatro, hasta $422.200.

La comparación con México tiene un matiz. Allí se fabrica el tequila, así que su precio no incluye los costos de importación que sí carga una botella que llega a Colombia. Y México también grava con fuerza los destilados. Según Fedesarrollo, aplica un impuesto especial de 53% a las bebidas de más de 20 grados, dentro de una de las estructuras tributarias más complejas de la región.

La distinción pesa en momentos en que se discute un eventual cambio en la tarifa del IVA de los licores. Si el debate se limita a si la tarifa es de 5% o de 19%, quedan por fuera los demás impuestos que la botella ya trae incorporados.

Los altos precios también se relacionan con el mercado ilegal. Un estudio de Euromonitor estimó que en 2019 el 22,4% del mercado de alcohol en Colombia, medido en alcohol puro, era ilegal, con una pérdida fiscal de US$678 millones. Según ese trabajo, una de cada cinco botellas de licor que se venden en el país no cumple los requisitos de ley. La adulteración (53%) y el contrabando (28%) son las principales modalidades. Fedesarrollo identifica a La Guajira como la principal puerta de entrada del contrabando y a la Costa Atlántica como el mercado más afectado, y sostiene que «una de las causas de esta ilegalidad es la carga impositiva».

El Instituto de Ciencia Política advierte que impuestos más altos pueden elevar el precio del producto legal y ampliar el margen para el contrabando y la adulteración. El riesgo es mayor cuando no vienen acompañados de más controles. El mismo estudio aclara que la ilegalidad tiene varias causas, entre ellas las debilidades aduaneras, la corrupción y la presencia de economías criminales.

Para los departamentos, el tema no es menor. En 2021 recaudaron cerca de $2,2 billones (en pesos de 2018) por licores y vinos, según Fedesarrollo. El peso de esos ingresos en sus ingresos corrientes pasó de 15% en 2015 a 20% en 2021.

En al menos siete departamentos, lo que reciben por licores y cerveza supera la mitad de los ingresos corrientes. En Chocó, esa proporción llegó a 64% en 2021. Los impuestos al alcohol también tienen una justificación de salud pública. Fedesarrollo recuerda que buscan desestimular el consumo excesivo, cuyos costos en salud, accidentes de tránsito y violencia no asume solo quien bebe. Buena parte de la literatura económica encuentra que el consumo cae cuando sube el precio.

Aun así, el centro de estudios recomienda revisar el diseño tributario del sector, en especial los tratamientos diferenciales entre bebidas.