Uno de los desafíos más comunes en la vejez es la soledad, y ante este problema han surgido los llamados “robots sociales”, creados para brindar compañía

Entre las innovaciones destaca el robot Dixie, que se ha posicionado como un compañero habitual.
El avance de la inteligencia artificial está revolucionando el cuidado de las personas mayores, ofreciendo soluciones innovadoras ante la crisis demográfica y laboral que enfrentan los sistemas de salud y las familias. Robots y sistemas inteligentes ya están presentes en centros de atención en países como Singapur, donde asumen tareas de acompañamiento, detección temprana de enfermedades y apoyo emocional.
Ahora bien, es pertinente señalar que este fenómeno plantea también retos éticos y sociales de gran relevancia.
IA en el cuidado de adultos mayores: una respuesta a la crisis demográfica
El envejecimiento de la población y la disminución de jóvenes en edad laboral han puesto en jaque los sistemas tradicionales de cuidado. Según proyecciones, en lugares como Singapur uno de cada cuatro habitantes será mayor de 65 años en 2030, lo que ha acelerado la implementación de tecnologías basadas en IA para suplir la falta de personal y recursos.
Ejemplos como el robot Dixie, que lidera actividades y brinda compañía en centros de día, o el uso de biomarcadores de voz para detectar depresión, ilustran cómo la IA se integra en la vida cotidiana de quienes requieren apoyo prolongado.
Además, la inteligencia artificial permite crear herramientas que ayudan a personas con demencia a conservar sus recuerdos, transformándolos en relatos accesibles y fomentando la reconexión con su propia historia.
Estas aplicaciones no solo alivian la carga del personal sanitario, sino que aportan beneficios emocionales y cognitivos a los usuarios.El robot Dixie lidera actividades y brinda compañía en centros de día. (Imagen ilustrativa Infobae)
Robots sociales y bienestar emocional: oportunidades y riesgos
Uno de los retos más frecuentes en el envejecimiento es la soledad. Aquí surgen los llamados “robots sociales”, diseñados para interactuar y acompañar a los adultos mayores. Estudios muestran que estos dispositivos pueden reducir la sensación de aislamiento y favorecer el bienestar emocional.
Sin embargo, la reacción a estos robots no es uniforme: mientras algunos los aceptan y disfrutan de su compañía, otros los rechazan o se sienten incómodos con su presencia.
La literatura científica advierte además sobre el impacto emocional de la separación de estos robots, un aspecto aún poco explorado. Esta nueva relación plantea preguntas profundas sobre la conveniencia de delegar en máquinas aspectos tan íntimos y humanos como el cuidado y el acompañamiento en la vejez, la última etapa de la vida.La incorporación de inteligencia artificial en el ámbito de la salud no está exenta de desafíos éticos y sociales.
Dilemas éticos y desigualdades en la implementación de IA en el cuidado
La incorporación de inteligencia artificial en el ámbito de la salud no está exenta de desafíos éticos y sociales. El uso de sensores y sistemas de monitoreo plantea interrogantes sobre la vigilancia constante, la privacidad y la seguridad de los datos personales, especialmente ante la ausencia de marcos regulatorios claros en muchos países.
Cabe indicar que se han documentado filtraciones de información sensible en centros de cuidados, lo que expone a los pacientes a riesgos adicionales.
Otro riesgo es el sesgo en los sistemas de IA: si se entrenan con datos que no representan adecuadamente la diversidad de la población, pueden derivar en diagnósticos erróneos o recomendaciones que perpetúan desigualdades existentes.Un robot cuidando a una anciana.
Además, la brecha de acceso a la tecnología puede generar escenarios en los que solo quienes cuentan con mayores recursos disfruten de atención personalizada, mientras que el resto dependa exclusivamente de la IA.
Si bien la inteligencia artificial promete transformar el cuidado de las personas mayores, su adopción debe estar acompañada de una reflexión profunda sobre sus implicancias éticas, sociales y económicas.
Finalmente, el desafío será garantizar un acceso equitativo, proteger la privacidad y asegurar que la tecnología complemente y no sustituya por completo el componente humano en el acompañamiento y atención de quienes más lo necesitan.